Los argentinos asistimos a un drama silencioso que se mete por las rendijas de cada puerta, que quita el sueño y carcome la dignidad de los trabajadores. Es el sobreendeudamiento desesperado de las familias. Hablamos de millones de personas que estiran los plásticos de sus tarjetas de crédito o recurren a dudosas billeteras virtuales solo para garantizar un plato de comida en la mesa o pagar las tarifas de los servicios públicos.