
Molina: "No nos van a borrar de la historia ni de nuestro presente"
Mirada Sur
Molina arrancó agradeciendo las palabras de Chapa y desde ahí tomó vuelo. Dijo que hace cincuenta años el verdadero poder decidió que un grupo de militares diera un golpe de Estado, pero aclaró que no estaban solos. Tenían equipo. Complicidades civiles, económicas y eclesiásticas que habilitaron el horror y que, a su entender, siguen operando en el presente con otros métodos.
El eje de su análisis fue económico. Describió el golpe del 76 como un golpe económico que destruyó el país, cerró más de veinte mil fábricas, aumentó el desempleo y multiplicó la deuda externa. Y fue estableciendo las comparaciones con el presente una a una, sin prisa. Hoy cierra una fábrica por día. Santa Cruz es la provincia que más empleo privado ha perdido. Se vive para pagar las cuotas de una deuda externa que asfixia. La inflación golpea el bolsillo aunque el INDEC diga lo contrario. "Qué terrible similitud. Qué terrible lo que hace el verdadero poder", dijo.

Pero Molina no se quedó solo en los números. Habló de los comedores que volvieron, de los jubilados sin medicamentos, de los viejos descartados después de toda una vida de trabajo. Y habló de los pibes: "Hoy nos interesa bajar la edad de imputabilidad a 14 años, que vayan presos, pero que no tengan escuela, ni el potrero para jugar, ni un gimnasio, ni un centro de adicciones." Señaló que si bien hoy no hay centros clandestinos de detención como los de la dictadura, hay una forma nueva de hacer desaparecer, la de ignorar a los que tienen hambre y perseguir a los que pelean por la justicia y la verdad.
Sobre la complicidad eclesiástica del golpe, fue cuidadoso pero directo. Reconoció que hoy no hay obispos bendiciendo centros clandestinos, pero advirtió que se usa la religión para sentirse impunes frente a un modelo que descarta trabajadores con una reforma laboral, entrega glaciares, agua y energía, y da la espalda a las mujeres y a los niños.
El cierre de su discurso fue de los más emotivos de la jornada. Recordó que cuando las madres buscaban a sus hijos en la plaza, un policía les ordenó: "Circulen, circulen." Y ellas obedecieron, pero a su manera: comenzaron a dar vueltas, a moverse, a construir un signo. Tomaron los pañales de sus hijos y los pusieron en sus cabezas. Así nació el pañuelo blanco. "Eso es lo que quieren hoy, que no digan nada. Pero ellas circularon", dijo Molina, y desde ahí lanzó su llamado: "Hermanos, es tiempo de memoria, pero también tiempo de andar, de salir, de circular, de ser signos de que algo distinto se puede. Ese algo distinto se llama justicia social, se llama el otro. Estamos presentes aunque nos hayan desaparecido. No nos van a borrar de la historia. ¡Viva la patria!"




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