
Río Turbio reafirmó su memoria en la Plazoleta Nunca Más

Fue el vecino Manuel "Manolo" Chapa quien tomó la palabra primero y le puso carne a la historia. Con una voz que fue ganando peso a medida que avanzaba, Chapa explicó que el golpe del 76 no fue simplemente un asalto militar al poder, sino la puesta en marcha de un plan de "miseria planificada", diseñado para disciplinar a la sociedad desde la raíz. Recordó con una amargura contenida cómo aquel régimen llegó al absurdo de catalogar como subversiva a la matemática moderna, o de prohibir libros que tuvieran en sus páginas las palabras "Cuba" o "Cubismo". El objetivo era el exilio intelectual primero, el silencio obrero después.

Chapa no eludió lo más oscuro. Habló de la ESMA y de los vuelos de la muerte, de la lógica perversa de un Estado que hacía desaparecer cuerpos para borrar la evidencia. "Sin cuerpo no hay pruebas y sin pruebas no hay delito", dijo, citando la mecánica del horror. Y recuperó las palabras que Jorge Rafael Videla pronunció en conferencia de prensa cuando le preguntaron por los desaparecidos; "Mientras sean desaparecidos no se les puede dar ningún tratamiento especial... es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está muerto ni vivo." La plaza escuchó en silencio.
Luego, sin anestesia, Chapa tendió el puente hacia el presente. Habló del desmantelamiento del Estado bajo el lema de achicar el Estado y agrandar la Nación, y dejó en el aire una frase que varios en la plaza recibieron con una sonrisa que dolía: "Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia."

El diputado nacional Juan Carlos Molina tomó la posta con un análisis que amplió el foco. Para Molina, el golpe del 76 fue un fenómeno cívico, económico y eclesiástico, no solo militar, y su sombra llega hasta 2026. Señaló que si bien hoy no hay obispos bendiciendo centros clandestinos, sí se utiliza la fe y la religión para intentar justificar modelos de exclusión. Trazó paralelismos que incomodaron porque resultaban demasiado precisos; el cierre de veinte mil fábricas durante la dictadura frente al goteo actual de una industria que cierra por día; Santa Cruz como la provincia que más empleo privado ha perdido en el último período; jubilados golpeados por la inflación; y el intento de bajar la edad de imputabilidad sin ofrecer antes escuelas, gimnasios ni centros de atención a las adicciones. "No nos van a borrar de la historia y no nos van a borrar de nuestro presente", cerró Molina, antes de agregar que la verdadera alternativa a la indiferencia tiene nombre: "Ese algo distinto se llama justicia social, ese algo distinto se llama el otro."

La ceremonia avanzó hacia sus momentos más cargados de emoción. El intendente Menna, junto al diputado Molina, la referente de derechos humanos Carla Tello y Cristian Villagra, descubrieron una placa conmemorativa que desde ahora custodia la plazoleta. Las palabras grabadas en la piedra no admiten interpretación: "Donde hay olvido, no hay justicia."
Después llegó el fuego. El vecino Ramón González encabezó el encendido de la primera antorcha en honor a Segundo Villagra. Otra llama se alzó por Adriana Barcia. El área de Juventudes y los concejales sumaron una antorcha general por los treinta mil. Las llamas no fueron decoración; fueron una forma de decir que esos nombres siguen presentes en la Cuenca.

Pero el momento de mayor peso de la jornada fue, quizás, el más íntimo. Cristian Villagra recibió y entregó al Museo Histórico Municipal el legajo universitario reparado de su tío, Segundo Villagra. La directora del museo, Mariana Menna, recibió ese documento que la Universidad Nacional de La Plata rectificó para dejar constancia de una verdad que llevaba décadas torcida; Segundo no abandonó sus estudios, fue víctima del terrorismo de Estado. Cristian habló con la voz quebrada. Dijo que su padre, hermano de Segundo, murió hace dos años sin poder ver ese acto de justicia administrativa. La plaza guardó silencio por él también.

La Escuela Municipal de Danzas Folclóricas, conducida por el profesor Darío Escalante, ofreció un cuadro artístico que cerró el acto en la plazoleta. Al compás de "Sobreviviendo", himno de la Cuenca Carbonífera, los bailarines narraron con el cuerpo lo que a veces las palabras no alcanzan a decir. La larga noche, y el regreso de la luz.

La jornada continuó en el Colegio Santa Bárbara, donde se formalizó el proyecto de extensión de la UNPA-UART llamado "Cartas a un futuro memorioso".

Las licenciadas Vanessa Mazú y Florencia Molina explicaron la propuesta; una cápsula del tiempo que será sellada hasta el 24 de marzo de 2076, cuando se cumpla el centenario del golpe. Adentro quedaron 154 cartas escritas por niños y niñas de las escuelas primarias 30, 60 y 68 y del propio Colegio Santa Bárbara, junto a films, fotografías, cuatro pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo, pines de la UNPA y folletos del trigésimo aniversario. También un ejemplar del poema de Armando Tejada Gómez. La cápsula fue sellada bajo la custodia del decano de la UART, el ingeniero Andrés Prato, y certificada por el juez de paz Roberto Dodman.

Cuando las banderas de ceremonia se retiraron y el frío de la Cuenca siguió siendo el mismo frío de siempre, quedó flotando algo que no tiene temperatura; la certeza de que Río Turbio eligió, una vez más, no olvidar.
Treinta mil detenidos desaparecidos; presentes, ahora y siempre.




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Río Turbio26/03/2026












