Medio siglo de lucha, de memoria, de verdad y de justicia

Hay que decirlo con todas las letras, aunque duela la torpeza de algunos. No son cincuenta años del golpe. Son cincuenta años de la lucha del pueblo argentino por la memoria, la verdad y la justicia. No es un detalle semántico. Es la diferencia entre honrar a las víctimas y honrar al horror.
Editorial20/03/2026 Por Esteban Rebolledo
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Foto web archivo.

En estos días circulan flyers, gacetillas, convocatorias que anuncian "50 años del golpe" como si estuviéramos conmemorando el acontecimiento desde la perspectiva de quienes lo ejecutaron. No entendieron nada. O, peor, no lo quieren entender. El 24 de marzo de 1976 fue una fecha de infamia. No se celebra. No se conmemora como hito. Se repudia. Y lo que sí merece cada acto, cada discurso, cada plaza repleta, es lo que vino después. Medio siglo de resistencia incansable contra el olvido.

Ese medio siglo tiene nombres propios. Madres que caminaron la Plaza cuando caminarla era jugarse la vida. Abuelas que convirtieron la genética en una herramienta de justicia. Hijos que crecieron sin padres y que de todas maneras eligieron buscar. Nietos recuperados que tuvieron que rehacerse enteros. Fueron ellos y ellas quienes sostuvieron la memoria cuando el Estado la quiso enterrar, cuando los indultos intentaron cerrar las heridas por decreto, cuando algunos funcionarios del partido que hoy gobierna visitaban genocidas en prisión como quien visita a un amigo. Ese es el campo en el que hay que elegir. Y en ese campo no caben las medias tintas.

Ya son 140 los nietos recuperados gracias al trabajo de Abuelas. Ciento cuarenta personas que recuperaron su identidad, su historia, su derecho a saber quiénes son. Y siguen faltando cerca de trescientos. No es un dato del pasado. Es una búsqueda activa, viva, urgente.

Hay quienes dicen que a los jóvenes esto ya no les importa, que es cosa de viejos. Puede ser que haya una brecha generacional. Pero también es verdad que quienes tienen la responsabilidad de nombrar las cosas correctamente son, en muchos casos, adultos con plataformas, con micrófonos, con pantallas. Y aun así eligen mal el encuadre. No es ignorancia juvenil el problema. Es negligencia de quienes saben y simplifican igual.

El genocidio ocurrió. Hubo terrorismo de Estado. Hubo detenciones ilegales, torturas sistemáticas, asesinatos, desapariciones de treinta mil personas. Jóvenes, adultos, adultos mayores. Ese número no se negocia, no se cuestiona, no se relativiza. Y aunque desde ciertos sectores de poder todavía haya quienes resisten esa verdad, la verdad no les pregunta si están de acuerdo.

Por eso hoy, en este aniversario, la precisión importa. Decir bien las cosas es parte del homenaje. El 24 de marzo no nos convoca a recordar el golpe. Nos convoca a celebrar cincuenta años de un pueblo que no se rindió. Cincuenta años de lucha, de búsqueda, de memoria. Eso es el 24M. Nada menos que eso.

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