
MIentras Molina escucha a los jubilados, Álvarez habla de Vidal

Los jubilados no llegaron con banderas ni globos. Llegaron con problemas concretos, con la falta de medicamentos, la atención hospitalaria que colapsa, la necesidad urgente de recuperar la sucursal del Banco Nación en 28 de Noviembre. Pero también con convicciones profundas, la defensa de YCRT y la usina como bienes estatales, y la exigencia de inversiones reales que consoliden a la Cuenca como eje de soberanía energética. Frente a ellos, Juan Carlos Molina no prometió soluciones mágicas. Escuchó y asumió el compromiso de llevar esas voces al Congreso. Esa es la política que se construye desde el territorio, con la gente y para la gente.
Mientras tanto, en un acto de escasa convocatoria, Daniel Álvarez y Mariana Mercado inauguraban un espacio político que, lejos de abrirse al pueblo, parecía cerrarse sobre sí mismo. Entre paredes y sin el calor comunitario, el mensaje fue tibio y recalcitrante, “fortalecer el proyecto de Claudio Vidal”. Nada sobre los jubilados, nada sobre la privatización de YCRT, nada sobre la crisis hospitalaria. Solo la fría lógica de la acumulación partidaria.
La Cuenca fue testigo de dos formas de entender la política. La que sale a escuchar, que se mancha con los problemas reales de la gente, y la que se encierra en el marketing político con logos y colores en bunkers, donde hablan de “proyectos” pero olvidan a las personas. Molina eligió el camino de los jubilados, de los trabajadores, de la defensa de lo público. Álvarez, el de la foto para Vidal y la retórica vacía. La gente, en el centro de la escena o ausente en un local cerrado. Por un lado la realidad, por el otro el show.

















